No me encuentro
ni siquiera donde me he perdido
alejado de la sangre
del verde que destiñe al rojo
abro la cerradura de mis ojos
para escuchar
¿A donde ha venido mi carne?
¿A que buscar sobre los desperdicios del tiempo?
Y este hambre
que me oprime el estomago lleno
pienso
y eso ya es un milagro
El rico bebe del fuego
del dedo y de su teta
bautizado en la capilla de su esqueleto
acalorado de su oro
cansado de su ansiedad
y del olor de su cuerpo muerto
El humilde
pobre de sus hojas
orina sobre el tamaño de las polvorosas
sobre los aretes y los mármoles
dando vueltas sin contar pisadas
volviendo a su camino
inmenso de su bruto
alegre y abrazado a su canto
libre de su culpa y de su hambre
de su camisa sudorosa
amando la esencia de un canto libre
que en su corazón se alborota
sábado, 21 de junio de 2008
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